Junio 16
El día de hoy Santiago se despertó de mal genio. No era de
rabia, sino de cansancio….o de un sentimiento que yo intuía diferente y muy real
( no una simple “pataleta” para no ir al colegio) …pero que no lograba
descifrar. Jose y Santiago terminaron en conflicto porque ese sentimiento lo abrumaba
y se estaba portando mal durante el desayuno. Asi que Santiago se fue a su cama
para acostarse de nuevo. Ahí me di cuenta que en realidad no estaba bien y dejé
desde ese instante cualquier otro plan de la Universidad para dedicarme a
cuidarlo.
Comprendí que Santiago necesitaba ser cuidado y escuchado.
El día anterior había estado en los caballos y olvidó uno de los zapatos del
colegio. Intentó usar los zapatos de Jose pero eran demasiado grandes…y la
frustración le fue ganando…de repente lo encontré metido entre el closet,
acurrucado.
Le propuse que se relajara en la cama y que luego nos fuéramos
él y yo a recoger el zapato y posiblemente después podíamos ir al colegio –
porque él insistía que no podía faltar-, pero yo tenía claro que esa no era la
prioridad en ese momento. Accedió y nos fuimos juntos. Me estuvo hablando sobre
el sentimiento de frustración porque todo estaba saliendo mal. Porque en las
mañanas peleaba con su papá y eso lo afectaba en el colegio. Porque ya no le
llamaba tanto la atención ni el futbol ni la equitación, y que las cosas
pequeñas, ya lo indisponían como si fueran los grandes problemas, por ejemplo,
haber dejado su zapato…
Cuando llegamos al lugar de equitación, le propuse que
montara un rato a caballo. Yo tenia la certeza de que eso lo iba a calmar un
poco y aunque se resistió al principio después aceptó y mientras el cabalgaba hablamos
y yo vi como, poco a poco, ese sentimiento oscuro se desvanecía. El estaba muy preocupado porque yo había
dejado mi trabajo, pero le insistí muchas veces que mi prioridad era estar con
él y que yo no tenía ni afán ni angustia por estar en otra parte.
Después de una hora mas o menos, dejó el caballo y le
propuse que nos fuéramos los dos a tomar un café. Así que en el Café de
Prebelton, nos sentamos los dos a conversar y a tomar café. Ese día me
maravilló la madurez de mi hijo, y al mismo tiempo, el proceso de transición de
niño hacia el adolescente. Santiago me habló de si mismo con una gran claridad.
Me dijo que para él era muy importante sentirse motivado por algo, y que él no
estaba encontrando esa motivación. Con una frase cortada y un gesto de hombros
y mirada, me expresó que sin una motivación, su vida no tenia sentido. Recordó
que en los años anteriores, él siempre tenía una expectativa o una meta, un
acontecimiento futuro que lo llenaba de motivación y esperanza ( un viaje, un
concurso de salto)…y que ahora no lo estaba encontrando.
Antes de asustarme ( porque con tanto despliegue sobre los suicidios
de jóvenes hay razones para asustarse), me sentí frente a un hombre maduro, que
puede expresar sus necesidades, que acepta la ayuda y que puede recuperarse.
Que nos
motiva en la vida? Cual es nuestra fuerza interna que nos hace levantarnos y
llevar a cabo el día?
Esas fueron las reflexiones que me quedaron después de
escuchar a Santiago. Sobre la 1pm, yo lo dejé en casa con el compromiso de que
me ayudaría a arreglar el desorden porque yo tenia que trabajar en la tarde. Ya
era otra persona. Era un hombre joven, recuperado y aliviado.
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